Todos los que en un momento de nuestras vidas hemos decidido ponernos a dieta  hemos pasado por las mismas fases.

Comenzamos el programa con un nivel de motivación máximo, con una fuerza de voluntad capaz de mover montañas. Nos decimos a nosotros mismos y a todo aquel que tenemos al lado , que esta vez es de verdad, que estamos psicológicamente preparados, que seremos capaces de resistir cualquier tentación y aguantar la dieta hasta conseguir los resultados que nos hemos propuesto.

En los primeros días todo va de maravilla: somos capaces de decir que no incluso a nuestros alimentos preferidos, empezamos a practicar algún deporte y seguimos la dieta al pie de la letra. La báscula nos recompensa y empezamos a vernos mejor y todo parece ir según lo previsto. Pero, según pasan los días o las semanas, esa fuerza de voluntad empieza a debilitarse. Acabamos picando aquí y allá, caemos en la tentación, olvidamos la dieta en “ocasiones especiales”, dejamos de hacer ejercicio porque llueve o porque hoy nos encontramos cansados… ¿Por qué sucede esto? ¿Dónde ha ido a parar esa fuerza de voluntad inicial? La fuerza de voluntad no es algo que se mantenga sin más.

Al inicio, al estar continuamente pensando en la dieta que acabamos de empezar y encontrarnos ilusionados por la novedad, nuestra atención se concentra en esa meta y, por lo tanto, nuestra fuerza de voluntad está fijada en ese objetivo. Sin embargo, es imposible mantener esa misma atención durante los días y semanas necesarios para que una dieta funcione. No se puede dividir la fuerza de voluntad en varios objetivos: Si acabas de empezar una dieta, no se te ocurra aprovechar para dejar de fumar. Tampoco es conveniente comenzarla en épocas de mucho cambio como una mudanza, un nuevo trabajo, la llegada de un hijo…

La ansiedad y estrés de estas situaciones dificulta que podamos mantener la fuerza de voluntad fijada en nuestro objetivo. Hay que concentrarse cada vez en una cosa.

Hay que fijarse objetivos a corto y medio plazo: Aunque tengamos en la cabeza el peso y la figura que queremos llegar a conseguir, esa meta a largo plazo no servirá para mantenernos motivados y con nuestra fuerza de voluntad a pleno rendimiento durante semanas o meses. Si sólo tenemos en cuenta el objetivo final, nos desmotivaremos en cuanto la báscula nos enseñe que una semana no hemos bajado nada o en cuanto veamos que el ritmo de adelgazamiento disminuye. Es conveniente, por tanto, fijarse objetivos realistas de semana en semana, por ejemplo, primero no dejar el gimnasio, ir reduciendo peso poco a poco sin  obsesionarse, lo que de verdad cuenta es el espejo ,ahí es donde vemos la realidad, que un pantalón nos deje de apretar es más factible que subirte a la báscula y ver q solo has bajado un kilo. ¿A caso llevamos un cartel donde vamos indicando  nuestro peso por la calle, o más bien es nuestro aspecto físico es lo visible al margen del valor numérico de la báscula?

El problema empieza en que esa repentina pérdida de peso y volumen de la primera semana se debe a una reducción de los líquidos que teníamos retenidos. Una vez eliminados esos líquidos sobrantes, empezamos a reducir la grasa corporal acumulada. Es aquí donde realmente estamos consiguiendo una reducción de peso efectiva, pero los resultados no son tan rápidos ni motivadores. Y aun se complica todo mas cuando nos estancamos, algunas semanas bajamos muy poco peso, otras ninguno… Incluso, en ocasiones, debido a diversos cambios en el organismo que nos hagan retener líquidos (como los días previos a la menstruación o por la toma de algunas medicaciones) podemos subir de peso en lugar de bajarlo. Esos resultados negativos pueden ser muy desmotivadores y desmoralizantes, ya que nos da la impresión de que  después de todo el sacrificio realizado  no ha merecido la pena.

Mucha gente, después de obtener esos resultados un par de semanas, piensa que nunca lo conseguirá y abandona la dieta sintiéndose frustrado y fracasado. La dieta no es un sacrificio, es nuestra nueva manera de alimentarnos de manera saludable. No debemos interpretarla como un castigo temporal y, por ello, no debemos abandonarla, tanto si da resultados como si no. Si mantenemos ese punto de vista no nos frustraremos y veremos cómo, dándole el tiempo necesario, conseguimos resultados positivos.

Nuestro metabolismo va bajando a medida que vamos reduciendo peso, por lo que, si vemos que durante un par de semanas nos hemos estancado, debemos reducir las calorías ingeridas o aumentar nuestra actividad física. La meta que nos hemos  marcado es a largo plazo siempre no podemos pretender estar como nos gustaría en un mes ni dos ni tres…

Si necesitamos bajar cuarenta o cincuenta kilos y nos parece imposible, hay q pensar que requiere tiempo que si la abandonamos ¿mejor no vamos a estar verdad? Pues ahí es donde entra la APTITUD PARA BAJAR DE PESO

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Primero y muy importante es que “No valorarse a uno mismo, No entrar en una determinada ropa o tener un exceso de peso no nos hace peores personas”

Solemos pensar que nos querremos más cuando bajemos de peso pero la realidad es que, a no ser que nos queramos más y empecemos a valorarnos, no tendremos la actitud adecuada para afrontar el cambio que queremos conseguir. Al menospreciarnos y criticarnos destructivamente estamos socavando nuestras posibilidades de éxito y perpetuando nuestro problema. Decirnos que nos sentimos horribles y pensar que tener sobrepeso es un crimen imperdonable no nos ayudará a cambiar e incluso puede llegar a paralizarnos e impedirnos mejorar.

Criticarse por los errores: Sentir vergüenza, culpa o remordimientos por haber fallado a la dieta no nos ayudará en nuestro objetivo.

Al contrario, esos sentimientos negativos pueden hacernos correr a la nevera en busca de “consuelo” y, además, disminuirán nuestra autoestima y nos harán más vulnerables al fracaso. Debemos aprender a perdonarnos nuestros errores y utilizarlos para aprender de ellos y mejorar.

Autopresionarse, ser demasiado perfeccionista o exigirse demasiado a uno mismo no nos ayudara en nuestra dieta. Si una semana no conseguimos el objetivo marcado, no se acabará el mundo ni nos habremos convertido en peores personas. Es bueno marcarse objetivos pero sin obsesionarse por ellos y sabiendo ser flexibles y tolerantes con nosotros mismos. Si nos decimos que DEBEMOS ser delgados, estamos poniéndonos una presión excesiva que nos provocará ansiedad y nos hará ver la dieta de manera negativa.

Cada vez que pueda comer, debo hacerlo hasta hartarme: Debemos enseñar a nuestro cuerpo a identificar las sensaciones de saciedad.

Si no lo hacemos, no reduciremos nuestro peso ni siquiera comiendo alimentos saludables y, cada vez que tomemos algún alimento prohibido lo haremos con ansia, dándonos un atracón. Necesito resultados inmediatos: Las personas con esta actitud no son capaces de decir que no a las tentaciones. La dieta es un proceso largo que, en las personas obesas, debería prolongarse a lo largo de toda su vida convirtiéndose en su nueva manera de alimentarse, por lo que los resultados no llegaran de manera inmediata.

Para poder lograr nuestro objetivo debemos aprender a tolerar la frustración de tener que privarnos de ciertas cosas y a apreciar las pequeñas recompensas que vayamos logrando. La comida me hace sentir bien: Mucha gente recurre a la comida cuando se siente triste, nerviosa o angustiada. La comida rica en azúcares nos proporciona un bienestar inmediato y nos distrae de nuestros problemas. Sin embargo, esta conducta no nos ayudará a conseguir nuestro objetivo. Debemos buscar las causas de ese malestar y encontrar las maneras más eficaces de luchar contra él.

Pensar en las dietas como un castigo o algo tan duro que no podemos soportar hará que nuestras posibilidades de triunfo disminuyan e incluso puede paralizarnos antes de empezar. La gente con este tipo de pensamientos suele buscar dietas milagro que den resultados rápidos y, por lo tanto, fracasan. Una dieta implica aprender a ser paciente y constante.

Desde mi experiencia puedo decir que todo aquel que ha estado o está en mis manos  y que se haya propuesto seguir una dieta y le ha puesto las ganas y el sacrificio que conlleva lo ha logrado, le ha llevado más o menos tiempo pero los resultados están ahí día a día. Solo hace falta ser paciente, tomarse esto como un reto no como una obsesión. Como os he dicho antes si la dejas estarás peor si la sigues te sorprenderás de lo que puedes conseguir

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Laura Veiguela

 

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